La medicina es un buen ejemplo del desarrollo científico y tecnológico de nuestro tiempo. Los beneficiarios de tales adelantos no dependen del país al que pertenecen, sino de su situación socioeconómica, geográfica o hasta racial. Los estudios e implantación de órganos se deben a la aclaración de los complejos fenómenos de la inmunología, lo cual permite el uso médico de los transplantes de órganos desde 1954, fecha en que se realizó el primer transplante de riñón. En la actualidad es posible el transplante de cualquier órgano.
En 1895 se utilizaron los rayos X para estudiar internamente al paciente. Son los precursores de la imagenología actual, utilizada en la resonancia magnética y nuclear, la tomografía axial computarizada, el ultrasonido diagnóstico y la medicina nuclear en todas sus formas. Técnicas importantes son también la angiografía por sustracción digital y otras de tipo terapéutico como la angioplastía, el marcapaso artificial que se instaló por vez primera en Suecia en 1958, la circulación y la diálisis extra-corpóreas.
Otro gran avance fueron las innovaciones en endocrinología, especial el descubrimiento de la insulina, que permitió salvar a muchos diabéticos de una muerte segura. También fue decisivo el hallazgo de la cortisona, que constituye un poderoso agente antiflamatorio y antialérgico.
Con el descubrimiento de los grupos sanguíneos y su tipificación, la transfusión de sangre se convirtió en un procedimiento seguro y eficaz, completada con el desarrollo de una sustancia -la heparina– que impide la coagulación sanguínea. Comenzaron también a aplicarse terapias efectivas para trastornos neurológicos, como la epilepsia y el mal de Parkinson.
En 1955, el estadounidense Jonas Salk descubrió una vacuna contra la poliomelitis a partir del trabajo con virus muertos. Diez años después, su compatriota Albert Sabin produjo una vacuna segura de virus vivos que sustituyó a la cíe su predecesor, erradicando así la última gran plaga infantil. También se descubrió que el sistema inmune era el causante de la enfermedad por factor RH y responsable del fracaso de los transplantes de órganos, técnica intentada en 1902 por Alexis Carrel pero que cobró fuerza en 1967, cuando el doctor Christian Barnard realizó en Sudáfrica el primer trasplante de corazón.
Los trasplantes, la sustitución de huesos y tejidos, los medicamentos antirrechazo y los avances en general de la tecnología médica -aplicaciones del rayo láser, la computación y la robótica-, junto a los éxitos de la anestesiología, ofrecieron un gran desarrollo de la cirugía y, en especial, de la microcirugía. También apareció la biotecnología moderna, aplicada al desarrollo de sustancias que elevan las defensas en caso de patologías cancerígenas. Sin embargo, la revolución sanitaria ha estado marcada por la desigualdad: sólo un 16% de la población mundial goza plenamente de sus éxitos. Según la Organización Mundial de la Salud, los países industrializados, que representan un 10% de las enfermedades, consumen el 90% de los recursos sanitarios.
El descubrimiento de la fisión del uranio culminó un proceso iniciado en 1896, cuando Henri Becquerel descubrió la radioactividad. Este fenómeno físico-químico mostró que algunos elementos -llamados radiactivos-se transformaban en otros, cercanos a ellos en la tabla periódica. El gran salto cualitativo lo dio el descubrimiento, en 1938, de que la fisión, o sea, la escisión del núcleo de un átomo en otros elementos, libera gran cantidad de energía.
El estudio de esta “transmutación” posibilitó el descubrimiento de la reacción exotérmica que genera la división de un núcleo atómico en otros de menor masa por el choque con ciertas partículas, como el neutrón. Por la fisión nuclear, un núcleo pesado como el Uranio 235 se divide en dos núcleos más ligeros cuando choca con él un neutrón. Al dividirse, el núcleo del uranio libera más neutrones, que colisionan a su vez con otros átomos de uranio, creando una reacción en cadena de gran poder radioactivo y energético.
En la Segunda Guerra Mundial, estos estudios se orientaron hacia su aplicación militar. De este modo, Estados Unidos obtuvo la mayor arma de destrucción masiva: la bomba atómica.
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